sábado, 7 de marzo de 2009

Victorias Frustradas



Este es un libro para especialistas. La materia no es otra que “Historia militar”, y por lo tanto no se espere de él ninguna concesión a un público lector más amplio. Dicho esto, que me parece importante, agrego que es, dentro siempre del contexto señalado, un libro clave. Ya tenía noticias de él, pero al no existir edición al alcance lo dejaba para mejor ocasión. Pues bien, el momento llegó gracias a la editorial “Inédita” y me sumergí en su lectura para comprobar de primera mano como eran de buenas las memorias del Mariscal de Campo Erich von Lewinski, más conocido por el nombre de Von Manstein (1887-1973).
Se debe a este famoso general el plan ofensivo que destrozó las defensas francesas en el frente occidental en 1940, la conquista de Crimea, la derrota de los ejércitos soviéticos que en la primavera de 1942 intentaron reconquistarla y la caída de Sebastopol, plaza fuerte cuya posesión no fue menor en intensidad y combates a los acaecidos pocos años después, e inmortalizados por el cine, a la conquista de la isla de Iwo Jima por las tropas norteamericanas.

En 1942, noviembre, cuando se produjo el cerco al VI Ejército en Stalingrado, Von Manstein fue el encomendado por Hitler para salvarlo. Como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos del Don (más tarde llamado “del Sur”) lo intentó y llegó hasta 50 km. de las líneas que contenían la bolsa del ejército cercado. No obstante la ofensiva soviética se lo impidió y los combates que siguieron le permitieron salvar el ala sur del despliegue alemán. Campaña que terminó con la retoma de Jarkov, en marzo de 1943, por la que se le concedieron las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero.

En el verano de 1943 participa comandando una de las alas en la operación Ciudadela, la última ofensiva del ejército alemán que produjo el mayor combate de tanques de toda la historia militar, en Kursk.

Dirigiendo el Grupo de Ejércitos del Sur, se enfrentó al avance continuado soviético, retrocediendo hasta la frontera polaca. En marzo de 1944 y debido a su disidencia con Hitler respecto a como llevar las operaciones defensivas en el frente del Este, se le retira del mando y se lo condecora con las Espadas de la Cruz de Caballero. Nótese que es un caso muy especial ya que por ese entonces Hitler eliminaba comandantes de un plumazo y los enviaba a casa en medio de fuertes recriminaciones. Sin embargo en el caso de Von Manstein se hizo una excepción tanto más notable cuanto que la divergencia con su Comandante en Jefe era total.

Para él la guerra terminó un año antes, y en enero de 1945 evacua a su familia de Prusia Oriental para no caer en manos rusas. Posteriormente, ya terminada la guerra, es detenido por los británicos y en 1949 es sentenciado en Nüremberg por crímenes de guerra a 18 años de prisión; pena reducida a 12 años y posteriormente es liberado luego de pasar cuatro años en cautiverio. La carrera militar de Von Manstein no termina sin embargo aquí ya que ocupó el cargo de Consejero Militar de la Bunderwehr reconstruyendo el ejército federal (muy diferente a su predecesor) y también escribió dos libros, éste que comento y “Vida de un soldado”. Muere a los 86 años, en Baviera, rodeado por su familia.

Manstein fue considerado por sus colegas como un genio militar, y su vinculación con el gobierno nazi fue correcta pero tampoco de las más cercanas. Digamos que se mantuvo en un punto equidistante entre el respeto a la autoridad y su implicación fuertemente nacionalista y prusiana en el conflicto bélico que lo tuvo como un protagonista del Alto mando alemán. No ahorra críticas a la conducción de la guerra por parte de Hitler, críticas que probablemente eran comunes en los altos estamentos de la oficialidad, pero siempre aclara que siempre le fue fiel, no implicándose en la conspiración contra Hitler ni en ninguna otra clase de resistencia al régimen. En realidad por sus palabras escritas se puede deducir que Von Manstein creyó en Hitler como conductor de Alemania y sólo reparó en sus fallos cuando tuvo que confrontar en diferentes agitadas reuniones sus opiniones con las del dictador.

Para Manstein Hitler reunía grandes condiciones: “… poderosa voluntad, nervios seguros, capaces de mantenerse hasta en las más agudas crisis, y una innegable perspicacia, además de apreciables facultades operativas y la de percatarse de las posibilidades reservadas a la técnica” (pág.382) pero por otro lado considera que a Hitler le faltaba “esa especial competencia militar que tiene su base en la experiencia y a la que nunca llegó a suplir enteramente su ‘intuición’” (pág.372)

Por lo tanto considera que Hitler fue un comandante excepcional, con importantes aciertos al principio de las operaciones que paradójicamente, lo llevaron a una estrategia equivocada cuando las circunstancias cambiaron radicalmente. Según Manstein Hitler adoptó un plan de aferrarse a las posiciones, típico de Stalin en la primera época de las grandes derrotas soviéticas, en vez de sacrificar objetivos secundarios en pro de alcanzar una gran movilidad de sus ejércitos y presentar batalla allí donde los rusos seguían siendo inferiores.

El libro está bien escrito, sin florituras, con lenguaje sobrio y claro. Resulta muy ilustrativo para el especialista y puede ser juzgado algo repetitivo para el lector ocasional. Manstein, tengo la sensación, escribe para colegas y para la historia y pretende dar su opinión sobre los hechos en que participó y fue responsable. No entra en cuestiones políticas generales, omite delicadamente las barbaridades que los ejércitos alemanes cometieron en territorio ocupado (más allá de unos breves comentarios que descalifican la política nazi en estas zonas invadidas), y destaca el valor, heroicidad y gran competencia de las tropas y oficialidad de su país. En este sentido no hay nada nuevo (¡qué esperar de quién comandó las operaciones de guerra!) y tampoco aporta nada de interés. En cambio, en el terreno propio de la conducción de las operaciones militares Manstein ha escrito un libro que será estudiado a menudo por los diversos ejércitos del mundo, ahora y en el futuro.

Erich Von Manstein escribió un clásico, y por ello merece la atención del especialista y del lector culto que prefiere ir a las fuentes, siempre que le sea posible hacerlo.

Ficha Bibliográfica:

Manstein(1955), Erich Von Manstein, "Victorias Frustradas", Inédita Editores, Barcelona, noviembre 2006, pp.781, Tit.Orig: Verlorene Siege, Athenaum-Verlag, Bonn, 1955


Fuente: http://librosylecturas.blogspot.com/2007/04/evmanstein-victorias-frustradas.html

Documental "Batalla de Kursk"





MP40




Nacionalidad: Alemania
Fabricante: Erfurter Werkzeug und Maschinenfabrik (Erma), Haenel y Steyr.
En producción: 1940-45
Calibre: 9mm Parabellum
Longitud del cañón: 251 mm
Estriado: 6 estrías, dextrógiro
Capacidad del cargador: 32 balas
Cadencia de fuego: 500 disparos por minuto
Velocidad inicial: 381 m/s.
Miras: Punto de mira fijo y cubierto y alza ajustable a 100 y 200 m.
Peso:
4,03 kg vacía
4,70 kg cargada
Longitud:
Culata extendida: 833 mm
Culata plegada: 630 mm
Alcance efectivo: 200 m



Luego de la llegada al poder de Hitler y del partido nacionalsocialista en 1934, una de sus principales políticas fue la de desarrollar un programa de rearme. En este contexto, se inició la investigación en torno a una nueva generación de armas. Se llevó a cabo una investigación sobre los tipos de subfusiles existentes en el mundo, incluyendo el Thompson estadounidense.
El 17 de julio de 1936 se inicia la Guerra Civil Española y Hitler, que simpatizaba con la causa nacionalista, envió en su ayuda a la Legión Cóndor. Su experiencia en esta guerra fue de vital importancia, ya que les dio la oportunidad de probar y estudiar una gran cantidad de armas en combate real, incluyendo los subfusiles. También los pioneros de la guerra mecanizada (Guderian, Manstein y Rommel) solicitaron el desarrollo de un subfusil para dotar a las unidades de granaderos tanquistas de la infantería mecanizada. Respondiendo a estos requerimientos, Heinrich Vollmer comenzó a desarrollar un arma de este tipo en que se plasmarían los conceptos establecidos. En 1938, el director de Erma, Berthold Giepel, fue solicitado en Berlín y se le pidió que acelerara el desarrollo del arma, que seria destinada a la infantería mecanizada y a los paracaidistas. Unos meses más tarde, el subfusil MP38 sería aprobado por el alto mando alemán. Este modelo, en comparación con otros subfusiles de la época, era mucho más fácil de fabricar y más económico debido a los materiales y métodos usados.
La guerra se iniciaría el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia. La experiencia con estas armas indujo a realizar algunos cambios, que primero fueron presentados en una versión intermedia (MP38/40) y luego incorporados en la versión inicial del MP40. El MP40 era un rediseño del MP38, con el objetivo de facilitar su fabricación en masa y disminuir el costo: se redujeron las partes fabricadas en torno y fresadora y se cambiaron por piezas hechas en acero estampado. También se aumentó la seguridad de éste, ya que el MP38 carecía de un sistema de seguro. El nombre deriva de las iniciales de Maschinen pistole (pistola ametralladora) del año 1940, fecha de su introducción.
El MP40 fue llamado a menudo Schmeisser por los aliados, por el diseñador de armas Hugo Schmeisser. Aunque el nombre es evocador, Hugo Schmeisser no diseñó el MP40, pero colaboró con el MP41, el cual en esencia es un MP40 con una culata de madera. A finales de la guerra se habían construido aproximadamente 1.047.000 MP40, miles de los cuales fueron capturados por el Ejército Ruso. Esta arma permaneció en servicio entre las tripulaciones de tanques del ejército noruego hasta la década de los 80. También estuvo involucrado en el conflicto de Indochina en la década de los 50 y en Argelia.





En los MP40 producidos inicialmente, el brocal del cargador tenía los costados lisos, mientras que en la versión del contingente principal (MP40/I) llevaba estrías para fortalecerla. El MP40/II fue una versión experimental con cargador de 64 cartuchos, pensado en respuesta al subfusil soviético PPSh-41. Introducido a finales de 1943, fue, sin embargo, descontinuado debido al aumento del peso. Hay alguna variación en las fuentes modernas con respecto a los nombres de las distintas versiones.
Ya en esa época, el uso de una cantidad similar de partes fabricadas en chapa estampada era común en otras armas, por ejemplo, en el Sten, pero era una innovación la culata metálica plegable y el uso de plástico en vez de madera en la empuñadura y el guarda manos. Esta arma era muy confiable y de fabricación muy económica. Tenía un retroceso relativamente débil aun cuando se disparaba en ráfaga, debido a su baja cadencia de fuego. Esto permitía que el MP40 fuera más preciso que otros subfusiles de la época, como, por ejemplo, el Thompson. Sin embargo, el muelle del cargador hacía que la munición saliera bastante rápido de éste, causando así atascos cuando se llenaba con las 32 balas que permitía; por esto, habitualmente sólo introducían 30 balas como máximo. En el MP40/II, un doble cargador fue experimentado con capacidad para 64 proyectiles; los cargadores estaban uno al lado del otro y al acabarse la munición del primero, se deslizaban horizontalmente para hacer uso del siguiente.
El MP40 tenía una longitud total de 833 mm, y con la culata plegada se acortaba hasta los 630 mm. El extraño espolón cerca del final del cañón fue diseñado para permitir a los soldados fijar el MP40 en las “troneras” de los APC, como el Sdkfz 251.



Extraído:
Wikipedia
arteHistoria
http://wilk.wpk.p.lodz.pl/~whatfor/mp40schem_full.htm

Cortesia: Jadair Suriano

Saludos

Flak 88





Usado tanto para la defensa antiaérea como cañón antitanque, fue gracias a este segundo papel que consiguió su fama, a causa de su letal efectividad, ya que podía penetrar el blindaje de cualquier carro aliado a grandes distancias. Era más conocido entre las tropas alemanas como acht-acht (ocho-ocho).
Tiene sus orígenes en la remota guerra franco-alemana de 1870. Durante el cerco de París los franceses utilizaron globos aerostáticos y para derribarlos, los alemanes encargaron a la fábrica Krupp que diseñara un cañón. El resultado fue una pieza de 37 mm, bautizada como BAK que iba montada en cureña sobre una plataforma tirada por caballos. Fue usado al final de la Primera Guerra Mundial para proteger los centros industriales alemanes en el Ruhr y el Rin de las incursiones aéreas aliadas. Denominándolo Flak, o Fliegerabwehrkanone (significa "cañón de defensa aérea") de 88 mm desarrollado por Krupp y Erhadt su cadencia de fuego era apenas de 3 disparos por minuto.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial se le impuso a Alemania una serie de restricciones armamentísticas mediante el Tratado de Versalles (1919), entre las que figuraba la prohibición de desarrollar o poseer armas antiaéreas. De esta manera, por el momento, el proyecto quedaba olvidado. Cuando los nazis llegaron al poder, Adolf Hitler denunció el Tratado de Versalles y comenzó el rearme. Krupp, que había evitado las restricciones trasladando a su personal a Suecia, presentó un prototipo el Flak 18 era similar a su predecesor de la Primera Guerra Mundial, comenzó a ser fabricado en serie en 1933. Tenía un calibre de 88/L56, pudiendo disparar obuses de alto explosivo de 10,4 kg, así como munición perforadora de blindaje de 9,2 kg. La velocidad inicial era de 820 m/s.
Poseía cuatro patas en forma de cruz (kreuzlafette), con el cañón situado sobre un pedestal, permitiéndole un giro de 360º y una elevación entre -3 y +85 grados, lo cual le capacitaba para atacar tanto blancos aéreos como terrestres. El cañón estaba compuesto de dos secciones, lo que permitía una sustitución rápida de una de las partes si se desgastaba, sin tener que cambiar todo el cañón.
El Flak 18 fue probado en la Guerra Civil Española con la Legión Cóndor ante la urgencia de los nacionalistas de hacerle frente a la aviación republicana, ahí también fue donde se descubrió su potencial como cañón antitanque. Como consecuencia de la experiencia en la Guerra Civil Española se llevaron a cabo algunas modificaciones que dieron origen al Flak 36. La plataforma fue mejorada para incrementar la estabilidad y facilitar la producción, el cañón pasó a estar compuesto de tres secciones, lo que permitía un ahorro a la industria alemana, pues sólo había que sustituir una de las secciones en lugar del cañón entero, el resto de características seguían siendo igual que el modelo 18.
Las mejoras también del modelo Flak 37 respecto al 36 fueron las siguientes: Se volvió al cañón de dos secciones, en lugar de tres. Se mejoró el sistema de puntería, de manera que recibía información enviada por un puesto central de la posición del avión a una computadora mecánica analógica para que calculara la posición óptima de disparo. Ésta se mostraba con un puntero en uno de los diales, y los operadores tenían que mover el cañón de manera que el segundo dial coincidiera con el puntero.



Durante la Segunda Guerra Mundial se continuó utilizando el Flak 37 que tenía un alcance vertical de 9750 metros y 14.800 metros en horizontal; el Flak 41 tenía un alcance de hasta los 14.930 metros de altura y 19.700 metros en tiro horizontal. La superioridad del Flak 88 mm residía en su construcción de precisión y el uso de dispositivos avanzados, como el mecanismo de disparo, el de transmisión de órdenes y una plataforma de carga muy ingeniosa, que facilitaba la operación con tubos de gran altura. La más importante característica del cañón, era la velocidad con que impulsaba el proyectil. En el caso del Flak 18, 36 y 37, esta velocidad alcanzaba los 840 m por segundo; el Flak 41 enviaba su proyectil a una velocidad de 1020 m por segundo; y el Flak 43, a 1200 m por segundo.
Las municiones eran del tipo cartucho, en versiones de alto explosivo, perforantes y de iluminación con carga de tungsteno. El proyectil, de 9 kg iba montado en un casquillo que contenía 2,55 kg de nitropenta, que al momento del disparo, lo expelía por la boca del cañón girando a 10 mil veces por minuto en torno a su eje longitudinal, con una velocidad de más de 1 km por segundo. Era también, gracias a ese cartucho, que se podía lograr una cadencia de fuego de 15 a 20 disparos por minuto.
El proyectil antiaéreo estallaba a una altura predeterminada. Los cañones antiaéreos en sus comienzos actuaban independientemente pero luego fueron montados en baterías de hasta 40 unidades llamadas Grossbatterien que disparaban patrones rectangulares. Las baterías ligeras fueron incrementadas de 4 a 8 cañones. Todas esas baterías eran dirigidas por un controlador de tiro o predictor, que podía dirigir hasta 18 cañones contra un sólo avión, por andanada. Normalmente, los cañones eran agrupados en unidades de 4 piezas, dirigidas por un controlador de tiro que utilizaba la iluminación mediante proyectores o la adquisición del blanco por medio de radar. Las baterías de proyectores se conformaban en grupos de tres con un buscador acústico que detectaba el sonido de los motores de los aviones. El rango de los detectores acústicos era de 6500 metros, pero en vista del tiempo que requerían para calcular la distancia y dirección, el resultado podía ser de hasta 1600 metros detrás de la posición real de los aviones. Las baterías de proyectores debían hacer los ajustes necesarios para compensar la diferencia.
Durante el día los controladores de tiro seguían los aviones con un telescopio, pero en la noche los localizadores acústicos dirigían los reflectores. En cualquier caso, la nubosidad era un serio impedimento para apuntar los cañones con eficiencia, a menos que se usara únicamente el radar, dispositivo que en aquellos tiempos tenía una precisión muy relativa.
El control de tiro se transmitía mediante cables eléctricos conectados a cada cañón. Los controles de altura y azimuth se recibían en un cuadrante circular pequeño y el apuntador del cañón tenía que repetir los datos que se mostraban en un indicador más grande y apuntaba el cañón haciendo que las lecturas de ambos indicadores fueran iguales. El control por radar seguía el mismo procedimiento.
La táctica original era que una vez que un avión era localizado, se disparaban salvas calculadas para explotar en un patrón esférico de 60 metros de diámetro, pero la explosión de un proyectil podía causar daño hasta a 180 metros de distancia. Lo más adecuado hubiera sido un detonador de proximidad, pero los alemanes trataron de desarrollarlo sin éxito hasta que llegó el final de la guerra.
Una tripulación bien entrenada podía poner el cañón en posición de disparo en menos de 1 minuto, y se dice que los expertos podían hacerlo en 20 segundos… muy importante para la buena operación de las baterías, era la alta preparación de los sirvientes de la pieza, hasta 6 según el tipo. Pero en los últimos años de la guerra, ante la demanda de personal de infantería, se emplearon como sirvientes de los 88 desde jóvenes de las juventudes hitlerianas y mujeres voluntarias para la defensa de las ciudades, hasta muchachos escolares y ancianos. En el Frente del Este también fueron usados como sirvientes voluntarios rusos.



Los cañones de 88mm salvan a Rommel











Extraído:
Wikipedia
http://www.hisinsa.com/spa/item/TAMIYA-35283.html
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/armamento/flak88GER.html

Cortesia: Jadair Suriano



Saludos